El obsesivo se toma su tiempo para amar, y en ocasiones le es tan imposible ser incauto de su inconsciente como es imposible el deseo en el que se sostiene.
Es un dato clínico recurrente cómo la contingencia del encuentro amoroso puede llegar a enloquecerlo cuando no tiene con qué calcular lo inesperado... que ya le ocurrió.
La «experiencia» -como es bien sabido- siempre llega tarde, sobre todo para las cavilaciones obsesivas.
Él nunca dice: “Esto es una hoja de papel”, él diría: “Si aceptamos la función referencial del lenguaje, quizás esto podría ser designado como...”.
¿Por qué necesita introducir todos estos distanciamientos?
Tiene miedo de que si lo dice directamente, va a comprometerse demasiado. Pero los antiguos lo dijeron directamente y todas las distancias ya estaban incluidas.
Umberto Eco tiene este ejemplo: antes se decía “te amo apasionadamente”, ahora sólo se dice “como diría Corín Tellado, te amo”.
Ernesto Sinatra, El antilapsus
Slavoj Zizek, La letrina de lo real
viernes, 9 de enero de 2009
sábado, 20 de diciembre de 2008
miércoles, 10 de diciembre de 2008
Gracias a mi agenda de Luchito Hernández
A un suicida en una piscina
No mueras más
Oye una sinfonía para banda
Volverás a amarte cuando escuches
Diez trombones
Con su añil claridad
Por lo que dios más ame
Sal de las aguas
Sécate
Contémplate en el espejo
En el cual te ahogabas
Quédate en el tercer planeta
Tan sólo conocido
Por tener unos seres bellísimos
Que emiten sonidos con el cuello
Esa unión entre el cuerpo
Y los ensueños
Y con máquinas ingenuas
Que se llevan a los labios
O acarician con las manos
Arte purísimo
Llamado música
No mueras más
Con su añil claridad.
sábado, 29 de noviembre de 2008

Acuérdate de la parábola bíblica de las Vírgenes Necias y Las Vírgenes Prudentes: las Vírgenes Necias apagan las candelas y se echan a dormir, y sus amantes pasan sin conocer su casa porque no hay luces encendidas; las Vírgenes Prudentes esperan cada noche con las velas prendidas, hasta que un buen día pasan sus amantes, reconocen su casa, y se enamoran de por vida. Es una parábola, un cuento, pero tiene corazón...
lunes, 24 de noviembre de 2008
Refugio en la fantasía
Él es irónico, me ve y parece que sabe algo de mí, algo que le causa gracia... cruza la calle muy sonriente y me da un abrazo. Yo lo recibo casi dormido, con la vida a tientas pero muy feliz... huele a cigarro y su camisa es extraña, como si fuese de viento... Creo que nada me hace estar más presente...
De pronto, abro los ojos y veo su cuello, todo está tan desenfocado por su cercanía, los rayos de sol se filtran por su piel y sus cabellos son tenues, de múltiples colores... todo brilla, pero no me enceguese.
La imagen se repite varias veces y ya no distingo muy bien quién es quién al darnos el abrazo, aveces veo mi propio cuello o mis propios cabellos, o aveces él espera al lado de la calle, con la mirada triste. Yo no tolero que sufra, quiero aliviarlo, pero no sé cómo, sólo me queda callar ante lo que desconozco.
De pronto, abro los ojos y veo su cuello, todo está tan desenfocado por su cercanía, los rayos de sol se filtran por su piel y sus cabellos son tenues, de múltiples colores... todo brilla, pero no me enceguese.
La imagen se repite varias veces y ya no distingo muy bien quién es quién al darnos el abrazo, aveces veo mi propio cuello o mis propios cabellos, o aveces él espera al lado de la calle, con la mirada triste. Yo no tolero que sufra, quiero aliviarlo, pero no sé cómo, sólo me queda callar ante lo que desconozco.
viernes, 21 de noviembre de 2008
viernes, 7 de noviembre de 2008
Cuerpo dividido
Si la mitad de mi cuerpo sonríe
La otra mitad se llena de tristeza
Y misteriosas escamas de pescado
Suceden a mis cabellos.
Sonrío y lloro
Sin saber si son mis brazos
O mis piernas las que lloran o sonríen
Sin saber si es mi cabeza
Mi corazón o mi glande
El que decide mi sonrisa
O mi tristeza.
Azul como los peces
Me muevo en aguas turbias o brillantes
Sin preguntarme por qué
Simplemente sollozo
Mientras sonrío y sonrío
Mientras sollozo
Jorge Eduardo Eielson, Noche Oscura del cuerpo
La otra mitad se llena de tristeza
Y misteriosas escamas de pescado
Suceden a mis cabellos.
Sonrío y lloro
Sin saber si son mis brazos
O mis piernas las que lloran o sonríen
Sin saber si es mi cabeza
Mi corazón o mi glande
El que decide mi sonrisa
O mi tristeza.
Azul como los peces
Me muevo en aguas turbias o brillantes
Sin preguntarme por qué
Simplemente sollozo
Mientras sonrío y sonrío
Mientras sollozo
Jorge Eduardo Eielson, Noche Oscura del cuerpo
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